martes, 15 de diciembre de 2015

Bloom

Me encuentro leyendo una tarde de sábado, en la azotea, mientras el Sol se va escondiendo poco a poco al compás del Aleluya de Haendel. Dejo de escuchar la voz del maldito asesino que me justifica sandeces en prosa y me imagino que el astro camina implacable hacia Australia, y es de noche en España.

Es entonces cuando me abruma esa sensación inexplicable, la única que me hace sentir vivo. Y me doy cuenta de cuántas veces el Sol ha repetido el mismo ritual desde que estoy en Chile: 226. Nada, así pasa la vida. Uno se da cuenta cuando los viejos conocidos cambian como en esos vídeos virales donde la niña se hace mujer en cuestión de minutos. 

Quizás sea mejor eso, no darnos cuenta. No me hago viejo hoy. Ya llevo un tiempo jugando. Dadme el placer de reconoceros cuando vuelva. Espero que me reconozcáis a mí.


¿Os dije que iba a nacer un 15? 





1 comentario:

  1. ¡Felicidades! De nuevo. Con ganas de reencuentros... Pronto tendremos que reconocer a la gente juntos, y eso es VIDA.

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